EDITORIAL 17-9 Los límites de los partidos políticos

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¿Qué entendemos nosotros por democracia? Un sistema democrático es un sistema político concebido para garantizar los derechos y libertades de los individuos y para que, desde el ejercicio de esos derechos y libertades, los individuos, como ciudadanos, sean partícipes activos en los proyectos y decisiones que atañen a la sociedad de la que forman parte.

Por tanto, es necesario el establecimiento de unas condiciones que permitan el diálogo, la discusión, la negociación y el acuerdo entre los individuos que manifiestan diferentes perspectivas sobre los asuntos que atañen a la sociedad.

La democracia es el resultado final de una sociedad organizada y estructurada formada por individuos que comparten unos principios culturales básicos, plasmados en un universo de valores que se traducen en un marco donde cada individuo entiende el respeto a las libertades y derechos de los demás como un valor incuestionable y legítimo. Y que, por tanto, cada individuo es consciente que ha de limitar sus propias libertades y derechos para garantizar esas mismas libertades y derechos a todos y cada uno de los ciudadanos.

Sólo así una sociedad puede dotarse de unas instituciones y de un marco ético, jurídico y político capaz de garantizar la individualidad, la particularidad, la diferencia de concepciones, valores, y formas de vida existente entre los individuos y al mismo tiempo hacer posible su convivencia.

Se ha definido la democracia como el sistema político concebido para garantizar los derechos y libertades de los individuos. Los derechos y las libertades son atributos propios del individuo. Emanan de su propia condición. De ahí que no pueda concebirse un sistema político democrático que no parta del individuo como sujeto de derecho.

Como consecuencia lógica, los grupos, las entidades colectivas que puedan resultar de la interacción social de los individuos, no podrán tener jamás capacidad, ni legitimidad para limitar o coartar los derechos y libertades de los individuos.

En democracia, el papel del individuo es esencial. Ahora bien, los individuos, por su condición societaria, se agrupan entre sí en función de diversos objetivos, resultando grupos o entidades colectivas de diverso orden que facilitan a los individuos la prosecución de sus fines.

En este contexto surgen los partidos políticos, como agrupaciones articuladas por la coincidencia ideológica de los individuos. Un intento de aunar esfuerzos entre ciudadanos que haya una concepción, una cosmovisión política común, es decir, un mismo modo de entender el proyecto colectivo en el que se encauza una sociedad.

En un sistema democrático las formaciones políticas, como organizaciones en las que se objetivan las distintas cosmovisiones políticas, sólo están legitimadas desde su condición de nucleares voluntades individuales coincidentes. Es decir, como representaciones de voluntades individuales, libremente asociadas, para la prosecución de un proyecto que les es afín.

Del mismo modo los partidos políticos que surgen con el propósito de llevar a la práctica un proyecto colectivo deberán estructurar ese proyecto desde las garantías del derecho y la libertad de los individuos, de modo que jamás atente contra esos derechos y libertades y observe un exquisito respeto hacia las demás formaciones políticas y corrientes de opinión.  

En particular un partido político deberá garantizar a sus afiliados y simpatizantes el respeto a su libertad de voto, de presentación a cargos, de participación, de opinión y de expresión sin que la disciplina del partido los coarte. El único límite que se impone al individuo libremente afiliado a un partido es el respeto a la cosmovisión compartida, que es la esencia del partido, y el respeto a los restantes afiliados. 

En el momento en que un partido político fuerza o ignora los derechos y libertades de sus afiliados ha traspasado los límites que le identificaban como organización legítimas y representativa y deja de cumplir los fines para el que fue creado. 

José Manuel Millán Campos
UDEC - Unidad de Centro
Secretario General
s.general@udec.es

 

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