OPINIÓN 19-9 Historias ficticias de pueblos ficticios: TENAC

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SUPONGAMOS QUE HABLO DE TENAC
(El mundo al revés)

Erase una vez, un pueblo llamado Tenac, muy lejano, al lado del mar, tranquilo, sosegado y apacible, donde siempre reinaba la paz, un día la reina del lugar, decidió junto con sus acérrimos seguidores aduladores de su corte, traer a cincuenta menores descontentos de otra cultura, de otro país, de otra religión, en dicho remoto lugar, ignoraban a las mujeres, su gobierno era una dictadura enmascarada en democracia, a la mujer no se le daba la importancia que tenía en Tenac.

Los jóvenes venían a Tenac, no porque pasaran hambre, sino por sus ansias incontroladas de libertad, se pensaban que Tenac era el paraíso y podrían lograr todo lo que quisieran. Varios de dichos jóvenes a pesar de decir que eran menores, claramente, por su fisonomía superaban ampliamente, no los dieciocho años, sino incluso los veinte años de edad. Entre dichos jóvenes, habían claros delincuentes que lo único que querían es vivir a costa de sus vecinos.

Es cierto, que un grupo de ellos, sí que querían aprender y hacían todo lo posible para poder vivir en armonía con sus vecinos, pero dichos jóvenes tenían que convivir todos juntos con los otros que eran verdaderamente peligrosos y agresivos. Casi cada día, existía problemas en el palacio real, donde fueron acogidos, la guardia real, apenas podía impedir las continuas peleas entre ellos y robos a los vecinos. Para mayor inri, la Reina estaba peleada con su guardia real y ésta obedecía a regañadientes los designios de su Majestad.

Varios sabios del pueblo avisaron a la Reina de los problemas que podían derivarse de tener a dichos adolescentes en palacio y de su elevado número, que lo mejor sería reducir el número como mucho a cinco o diez y en casas particulares, no en el palacio real. Pero la Reina hacía oídos sordos, puesto que recibía del emperador abundantes cantidades de dinero por mantenerlos en las dependencias palaciegas.

El pueblo comenzó a alarmarse ante la situación de hostigamiento por parte de los menores y llegó a manifestarse delante de palacio. La Reina, en vez de escuchar sus peticiones, convocó otra reunión, junto todos aquellos vasallos leales para decir que se les daba la bienvenida y se les recibía con los brazos abiertos y negando la evidencia.

Pasaron los días y se fueron acrecentando los problemas, parece ser que violaron a una mujer, pero la Reina intentaba taparlo todo, para que los habitantes de Tenac no se sintieran alarmados.

Llego el día de regocijo del pueblo la Gran Fiesta Atsinredmo. Todos los lugareños pasean felices y disfrutando de las distintas actividades en el pueblo. ¿Todos? No, un grupo de los jóvenes acogidos en el palacio real salieron a buscar problemas, sin importarles lo más mínimo, que habían familias paseando tranquilamente con sus seres queridos, entre ellos niños, pegaron a varios jóvenes lugareños y los pequeños tuvieron que observar un escenario dantesco para ellos, uno de los jóvenes “reales”, empujó a otro al camino, donde en aquél instante circulaban varios carromatos y estuvo a punto de ser atropellado.

Tras los anteriores hechos, los voceros de su Majestad permanecían en el más rotundo silencio. Si algún lugareño gozaba contradecirles en seguida lo insultaban y menospreciaban. Los Grandes Señores que podía cambiar la situación, permanecían impasibles, inamovibles de brazos cruzados, conformándose con la gran intranquilidad creada.

Desgraciadamente, no hay un príncipe azul en éste cuento que pueda salvar a los lugareños, pero sí que existe un pueblo valiente que debe de decir no y pedir que se hagan las cosas bien y desde el principio, podemos acoger a unos pocos, pero en lugares adecuados y con amor y cariño, no aparcarlos en las cocheras reales.

Todas las personas, hechos o ejemplos son inventados y cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.

Jordi Rojo


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