EDITORIAL 19-12 MULTICULTURALIDAD Y MORAL

En el análisis fundamental que realizamos sobre la democracia plasmado en el área de existencia de una democracia llegamos a la conclusión que consideramos como un sistema «democrático» a todo aquel sistema social  aquel en el que existe un equilibrio aceptado por los ciudadanos entre las libertades individuales y el Estado (reglas de compromiso) y entre la capacidad de participar en el mercado y el Estado (reglas de participación)

Pero: ¿Son todas las democracias iguales e intercambiables?

No, es imposible definir una forma perfecta de democracia, es decir existirán tantas democracias como acuerdos forjen sus ciudadanos.

Uno de los elementos claves de la fijación de estas democracias será los principios éticos en los que dicha sociedad se inspira, que se traducen en comportamientos morales.

La ética muestra los principios que regirán nuestros valores. Por ejemplo la defensa de la vida como premisa ética se transforma en las reglas morales de no matar, en defender al que corre peligro de perderla y en castigar al que ha ocasionado una muerte.

La moral es el conjunto de reglas que se aplican en la vida cotidiana y todos los ciudadanos las utilizan continuamente.

Estas normas guían a cada individuo, orientando sus acciones y sus juicios sobre lo que es moral o inmoral, correcto o incorrecto, bueno o malo.

No es solo una mera contemplación. La moral nos obliga a luchar contra la inmoralidad, nos impone defender lo positivo y luchar contra lo negativo.

Por tanto asumiendo que todas las democracias son “democracias” debemos analizar cuáles son compatibles entre sí y tratar de que el ciudadano respete y tolere todas esas formas de democracia y que su “democracia” sea respetada.

La tolerancia no se puede confundir con la complicidad ni con la claudicación.

Es absolutamente necesario reconocer para cualquier sociedad “democrática” el derecho a defender su moral, es decir sus valores, materializados en sus normas, sus leyes y sus costumbres.

Todo el mundo tiene derecho a tener sus propias ideas, a defenderlas y a pretender expandirlas pero no a imponerlas.

Para que exista una convivencia entre democracias es necesario una concordancia en un porcentaje significativo de valores morales.

No tiene sentido intentar confraternizar con sociedad basada en una religión o tendencia política que considera inmorales nuestras costumbres, porque están obligado a combatirlas. Nosotros también estamos obligados a combatirla.

En otras palabras: pueden existir muchas democracias desde el punto de vista de sus ciudadanos pero que no serán vistas como democracias por los ciudadanos de otras democracias.

En consecuencia, el primer requisito para identificar el fanatismo es identificar y defender nuestra moral, para después comprender y tolerar a todas las democracias que comparten nuestros valores y defendernos de las que no los comparten.

En el momento que permitimos que nos las impongan guardando una actitud “tolerante” estamos fomentando el fanatismo.

La tolerancia está siendo utilizada como argumento principalmente por los intolerantes, por los fanáticos.

Desgraciadamente en estos momentos nos encontramos con ciudadanos airados que muestran un comportamiento agresivo a cualquier forma de pensar discrepante con la suya.

Es el supremacismo moral de parte de los progres y de los nacionalismos excluyentes.

Ni que decir tiene que bajo esta óptica la Alianza de Civilizaciones está limitada a los casos en que estas civilizaciones compartan los mismos criterios morales y será absolutamente imposible en el caso de que algunos de sus principios éticos discrepen totalmente, como creemos que ocurre entre las sociedades cristianas y el islam, ya que uno de los principios éticos del islam es la imposición de su religión y el combate a los infieles.

Igualmente los planteamientos supremacistas que pretenden imponer una lengua o una ideología nos obligan a combatirlos ya que sus planteamientos son excluyentes de los nuestros.

Insisto, combatirlos, no tolerarlos

Por tanto solo conseguiremos una sociedad mejor si defendemos activamente nuestros valores culturales, nuestra moral y nuestras costumbres, que podemos cambiar nosotros libremente, pero no bajo presión.

La pretensión de invadir un país para “democratizarlo” aplicando unas reglas de compromiso y unas reglas de participación ajenas a sus costumbres está siempre condenada al fracaso.

Si nuestra moral, nuestros valores no son respetados por nosotros mismos nuestra sociedad no vale nada.

Consenso es conseguir un equilibrio entre diferentes formas de pensar, para lo cual es absolutamente necesario no renunciar a nuestra identidad.

En UDEC Unidad de Centro reconocemos la necesidad de asumir la multiculturalidad como una realidad, pero no podrá existir multiculturalidad con aquellos que no respetan nuestra cultura, nuestras normas morales y nuestras tradiciones.

Por eso apoyamos la integración cultura siempre que se respeten nuestras costumbres y que sea el tiempo y el roce dentro de ese respeto lo que nos permitirá asumir lo mejor de cada una de ellas.

Para que los ciudadanos puedan elegir libremente y exigir responsabilidades.

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José Manuel Millán Campos
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1 comentario en “EDITORIAL 19-12 MULTICULTURALIDAD Y MORAL”

  1. Fácil, breve y sencillo: Cataluña de Montes Franceses.

    Se ha visto, d. Pedro debe solicitar la dimisión y que otro señor ocupe su lugar.

    No hay gustos: 1 pte 11 ministros y 126 parlamentarios.

    Señor Casado, Señor/ PSOE y VOX. es lo más fácil. Y no dar legalidad a un hecho z No legar.

    *****Partido Político Unidad de Centro. Hombres y mujeres de gobierno.*****

    Responsables directos desde 1982, hasta donde.ME. Y señor Sánchez.

    Responder

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