EDITORIAL 9-1 Tiempo de reflexión

¿Es esto lo que esperábamos? ¿Hay alguien contento con el resultado?

Mi primera impresión es que lo de un gobierno de coalición, cosa novedosa en España pero muy frecuente en otros países, no le agrada a nadie.

El frentismo que ha imperado en la política española durante los años del bipartidismo nos ha llevado a la conclusión de que lo lógico es que los gobiernen sean de un solo partido.

Pues quítenselo de la cabeza porque creo que eso no será lo normal.

En el futuro los gobiernos de coalición serán lo normal salvo que surja un partido que pueda conseguir una mayoría absoluta, cosa que hoy por hoy no lo veo.

Hoy es el PSOE con UP apoyados por otros y quien sabe si algún tendremos uno del PP con VOX apoyado por partidos regionalistas.

Y esto nos lleva al análisis del comportamiento de los diputados que han actuado con “obediencia debida”.

Supongo que para un diputado socialista que recuerde los asesinatos de sus compañeros a manos de ETA deberá ser un trago votar un gobierno que se apoya precisamente en los que defienden a esos asesinos.

Pero puede ocurrir que no lo sea, porque es posible que todo aquel que tuvieses esos sentimientos fue convenientemente purgado de las listas.

Y esto nos lleva a que recordemos que el Congreso de los Diputados es una cámara legislativa, es una cámara de partidos, no es una cámara de representación de los ciudadanos.

En todo caso sería una cámara de representación de los militantes de un partido, pero la realidad demuestra que los militantes realmente no tienen ni voz ni voto a la hora de tomar decisiones.

Esto es así porque tenemos partidos jerárquicos, donde el militante es simplemente un financiador y su misión es refrendar las ideas del partido aunque vayan contra los principios del partido, que es la razón de su militancia, contra la economía de su región y contra toda lógica.

Este análisis se aplica a todos los partidos.

Los diputados del PSOE no son ni mejores ni peores que los diputados del PP.

La ley de “obediencia debida” es la norma en los partidos políticos.

Es por lo que reclamamos un urgente cambio en la ley de partidos para asegurar que los candidatos respondan ante sus afiliados, no ante la cúpula que les mandó.

Hoy muchos afiliados, tanto del PSOE como de UP no comparte las alegrías de sus jefes, que han actuado en contra de todo lo que creyeron y permitirán acciones y programas totalmente contrarias a sus ideas.

Para nosotros este es el auténtico problema de nuestro sistema político.

Muchos dirán que es la ley electoral.

¿Pero para qué sirve cambiar la ley electoral para corregir desigualdades si al final la calidad de los candidatos es la misma, unos “mandaos”?

¿Qué más da elegir 5 “mandaos” en vez de 3 “mandaos”?

Esta es la razón de la actual debilidad tanto del PP como del PSOE y por tanto de todo nuestro sistema.

No han respetado a su militancia y su militancia les han abandonado.

Esa fue la principal preocupación al crear Unidad de Centro UDEC.

Que los candidatos dependan de los militantes y no de la dirección.

Evidentemente es un sistema mucho más complicado de manejar porque obliga a la cúpula a cumplir fielmente los principios de fundacionales del partido, y el único enfrentamiento es cuando un dirigente local trata de incumplir estos principios, principalmente contra la voluntad de sus militantes.

Porque pertenecer a un partido que es leal con sus principios, que no se vende por un sillón es un motivo de orgullo.

Se ganará o se perderá, pero con honor, algo que parece reñido con los conceptos actuales de política.

El que todos nuestros militantes puedan decir con orgullo que pertenecen a un partido donde ellos tienen la palabra, a un partido que es su partido.

Y esto será muy importante en el futuro, donde las coaliciones serán la norma y no la excepción y esas coaliciones no se deberían hacer forzando la voluntad de los militantes como se ha hecho Pedro Sánchez.

Estos son momentos de reflexión, no son momentos de ira.

De reflexionar si hemos entendido para qué sirve nuestro voto y como lo usan para sus intereses personales las cúpulas de los partidos.

Reflexionar si vamos a seguir con la costumbre de:

“Tengo mis ideas tan profundamente arraigadas que aunque ya no creo en ellos sigo votando a los mismos”.

Pues son tiempos de asumir nuestra responsabilidad y cambiar, sobre todo, para poder cumplir con honor nuestras obligaciones como demócratas.

Usted tiene ahora la palabra. Cuéntenos qué opina sobre esto en el formulario inferior. Todos los comentarios que respeten las normas de educación serán publicados y respondidos. No hay censura ideológica 

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2 comentarios en “EDITORIAL 9-1 Tiempo de reflexión”

  1. Hay un excesivo número de «tesis» que se afirman sin justificarlas. Errores de bulto y apreciaciones que parecen «preconceptos» de los que solo se puede «presuponer» su base. Solo comentare «lo electoral»…
    Decís:

    Estamos de acuerdo en que la LOREG -en especial debido a las «circunscripciones electorales» pequeñas, con pocos electos- produce desigualdades más alla de lo conveniente para la «cohesión social», elevando la «barrera electoral» para obtener representación incluso por encima del 20% en algunas «provincias». Así hoy, pese a la ruptura parcial de la «alternancia bipartidista», seguimos viendo como resulta privilegiado el Partido más grande, resultando que tenemos 209 diputadas del «bipartidismo» diputadas/os de PP-PSOE obtenidos con el 48,8% de los votos. Mientras que todo el conjunto de «otros» partidos que obtiene el 51,2% del voto, solo obtiene 141 diputadas/os. Para una representación más adecuada a la proporcionalidad del voto emitido habrían varias posibilidades. Una fácil sería circunscripciones únicas, de escala Autonomía por ejemplo.

    Más difícil claro sería lograr que los «representantes electos» no actúen autonomamente respecto de las bases de la formación que les ha presentado. El «Mandar Obedeciendo» y el «hacer lo que se dice y decir lo que se hace», son conocidas aspiraciones de las «clases populares» nunca alcanzadas. Requieren democracia interna en los Partidos, si, per especialmente de Participación, por qué no hay Democracia sin participación activa y vigilante de las personas electoras.

    También decís ¿Qué más da elegir 5 “mandaos” en vez de 3 “mandaos”?…
    … ¿O uno por Partido político y su voto «ponderado» a su porcentaje de voto?…

    Lo cierto es que es una idea peligrosa en nuestra «correlación de fuerzas», y que las derechas extremas y alguna izquierda residual apuntan algunas veces. Pero lo cierto es que contra más disminuya cuantitativamente la Representación, más «posiciones» se quedan fuera en su exclusión sistémica, y peor, si no se modifican otros parámetros como las Circunscripciones, regiones enteras podrían no tener representación de sus intereses locales. Para entender empaticamente esto, hay que hacerlo participando de la posición ética de que la Democracia se caracteriza mejor por su respeto a las minorías, que por ser el Gobierno de las mayorías.

    Responder
    • Muchas gracias por tu comentario.
      El tema propuesto tiene dos componentes diferentes, la proporcionalidad y la legitimidad, tal como exponemos en nuestra propuesta de Ley Electoral
      Por proporcionalidad entendemos un hombre, un voto con el mismo valor. Eso hoy no se da. Y no se da porque la Ley D’Hondt es muy eficaz cuando hay más de diez escaños en juego y terriblemente desequilibrante cuando hay menos. Por tanto efectivamente el consolidar todos los escaños en una autonomía favorece una representación más adecuada siempre que en esa autonomía haya más de diez escaños, lo que afecta a las autonomías uniprovinciales pequeñas.
      El efecto de la D’Hondt hace que se pierdan muchos votos.
      Por eso nosotros abogamos por un sistema Mixto de Rondas Múltiples y D’Hondt que puede equilibrar la balanza en el sentido que no se pierden esos votos.
      Creemos que es una propuesta equilibrada que no obliga a cambiar la constitución, mientras que cambiar a consolidar en autonomías es cambiar la constitución, y eso es hoy por hoy un tema peliagudo.
      El segundo tema es el de la legitimidad, que los electos sean realmente representativos, como mínimo de los afiliados, por supuesto que sean auténticos representantes de los deseos de sus votantes, y tal como dices «no hay Democracia sin participación activa y vigilante de las personas electoras».
      No solo vigilancia, sino que la elección de estos electos dependa de los representados.
      Eso hoy no se da. Los electos son monigotes de los partidos.
      Cuando mencionamos lo de 5 y 3 nos referimos a este punto. Cambiar una distribución de escaños sin mejorar su legitimidad no mejora nada la democracia. Da igual elegir a 350 monigotes que a 700 monigotes bajo el falso pretexto de defender a las minorías y que sean representativas.
      Lo del voto ponderado no lo hemos considerado porque es complicar aún más el control de los electos.
      Estamos totalmente en contra de reducir el número de escaños y a favor de un cambio en la Ley Electoral y un cambio en la Ley de Partidos.
      Nuestras propuestas las puedes encontrar en la columna de la izquierda en el pié o faldón inferior de nuestras páginas.
      Las propuestas de los extremos siempre han coincidido en negociar con el voto obtenido a espaldas de sus votantes.
      Las minorías si no consiguen su representación directa la pueden conseguir en un sistema preferencial apoyando a quienes se comprometen con sus fines.
      Por eso estamos totalmente de acuerdo en que «la Democracia se caracteriza mejor por su respeto a las minorías, que por ser el Gobierno de las mayorías».
      Nos reiteramos. Muchas gracias por tu comentario.

      Responder

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