EDITORIAL 28-4 LA ESPANTOSA NORMALIDAD

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¿Cuántas veces hemos oído hablar bien de una persona que acaba de cometer una masacre?

Pero si era una buena persona.

No me lo puedo creer, se llevaba bien con todo el mundo.

Y así, podríamos estar enumerando frases que oímos a diario sobre personas que han matado a su pareja, a sus hijos, a sus padres…y sin en cambio, «eran buenas personas».

Lo podemos ver, para más claridad, en la política hoy en día. Estamos pasando la peor crisis de la Historia de España por la culpa de unas personas que no supieron hacer su trabajo en su debido tiempo.

Pero ¿qué es lo que obliga a actuar a personas aparentemente «normales», a cometer atrocidades de personas sin entrañas y sin escrúpulos?

Cada día, la sociedad está más aborregada por un sistema que no conoce la bondad. Estas personas, actúan conforme a las reglas del sistema político al que pertenecen sin reflexionar sobre las consecuencias de sus actos.

Son personas que no se cuestionan si lo que hacen es bueno o malo: se limitan a hacerlo porque está en la lógica del sistema al que sirven y es lo que ese régimen les requiere en un momento determinado.

Para ese tipo de personas, lo políticamente correcto es lo correcto desde el punto de vista ético o moral, que ni siquiera llegan a cuestionarse.

El mal es así de banal en ocasiones.  Lo diabólico muchas veces se disfraza de espantosa normalidad.

La política puede ser, como el propio mal, notablemente banal. Hay cuestiones que están en el ADN de un régimen político que ni siquiera sus líderes se atreven a cuestionar.

Si uno pone por encima del interés general una ideología que aspira a vertebrar el régimen mediante una nueva ingeniería social, es muy difícil luego desmontarla, prescindir de ella, o suspender sus manifiestos fundamentales.

La izquierda en el gobierno había decidido vertebrar su proyecto en torno a un nuevo tipo de sociedad: el eco-progresismo, el animalismo, la política de género, el multiculturalismo y, sobre todo, esa especie de feminismo desquiciado y desfigurado que es incompatible con el feminismo real y lo destruye colectivizando a la mujer y convirtiéndola en mercancía política.

El 8-M ha sido planteado por la izquierda española en ese sentido. Es un movimiento puesto al servicio de un proyecto de deconstrucción social (que solo sea posible ser mujer si se es una feminista radical). También de una estrategia clara de constante movilización política y de captación de voto, claro.

En la lógica pura de ese régimen de cosas y de ideas, una manifestación identitaria como el 8-M se convierte en una ceremonia colectiva de integración. Se va a esas manifestaciones como se comulga el cuerpo místico del régimen y del nuevo orden social comunitario. El opio del pueblo.

Esa es una de las razones de fondo (las otras son la imprudencia, la inconsciencia, la frivolidad, la falta de capacidad política) de por qué los líderes de la izquierda, Pedro SánchezPablo Iglesias y todos los demás, no tuvieron en ningún momento la intención de suspender la manifestación, pese al riesgo cierto y evidente de multicontagio. 

¡Cómo vamos a suspender la manifestación del 8-M!” De esa manera, la manifestación, icono de la izquierda y uno de los ejes del régimen, fue puesta por encima de todo. Es evidente que la lógica del régimen de izquierdas que ellos mismos han implantado les llevó a NO cuestionarse si esa manifestación (sanitariamente disparatada) ponía en riesgo a millares de personas o no. 

En eso consistió su banalidad. Y eso es lo imperdonable.

El desastre del coronavirus, la ola expansiva del miedo social y del pánico económico, la oleada de contagios y el goteo de muertes sobre todo, han puesto a este gobierno, de pronto, frente al espejo de su propia banalidad política y probablemente de su propio final.

La irresponsable celebración del 8-M (podían haberse buscado otras fórmulas de celebración) con millares de mujeres y de niños lanzados a todas las ciudades españolas, participando activa e inconscientemente en la propagación del virus, marca el final de la banalidad política. 

Hay fechas que marcan el final de los tiempos políticos.

El 11-M fue el mal en estado puro.

El 8-M ha sido la maldita banalidad.

Para que los ciudadanos puedan elegir libremente y exigir responsabilidades.

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Rafael Mora Cano
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1 comentario en “EDITORIAL 28-4 LA ESPANTOSA NORMALIDAD”

  1. La situación de normalidad hay que tenerla muy clara no se puede jugar
    Con la salud y la vida del ciudadano.

    Los laboratorios,Científicos y profesionales de la medicicina son los que tienen que unirse para intentar encontrar la forma de tratar el virus para extermiarlo.

    No podemos vivir con el miedo. La vida seria distinta y hay que evitarlo

    .

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