EDITORIAL 21-6 Leyes electorales y gobernabilidad. Iniciativa OLE

 

 

El debate sobre la necesidad de modificar la Ley Electoral está cada vez más presente.

El 19 de junio de 2020 se presentó una interesante propuesta denominada “OLE” que es el acrónimo de Otra Ley Electoral  https://otraleyelectoral.es/

Apoyamos esta iniciativa que pretende iniciar un proceso de reflexión dentro de la sociedad civil ya que la actual ley restringe bastante la pluralidad de representación.

Y además no hace real la igualdad del valor de cada voto, haciendo que el valor del voto dependa del lugar donde se vota.

Actualmente, y me refiero a la Ley Electoral General, votamos para la elección de Diputados para el Congreso de los Diputados y Senadores para el Senado.

Estas dos cámaras constituyen Las Cortes Generales que son los órganos para la aprobación de leyes.

Es decir son las instituciones que legislan durante el tiempo que están en vigor, y por eso a ese periodo se le llama Legislatura.

Por tanto su objetivo es elaborar leyes.

No cabe duda que cuanto mayor sea la pluralidad de los componentes de las cámaras las leyes podrán recoger los diferentes puntos de vista de la sociedad.

En un sistema de separación de poderes Las Cortes Generales legislan y el Gobierno gobierna basándose en las leyes aprobadas en Las Cortes Generales.

Y el gobierno debe tener las manos libres para gobernar siempre y cuando cumpla la ley.

Pero con la actual situación política en España la separación de poderes no se cumple.

Y la razón está en la forma de elección del Presidente de Gobierno.

Con el actual estado de pluralidad la elección del Presidente de Gobierno se transforma en un mercado persa de forma que los presidentes quedan hipotecados por los pactos que le han hecho presidente.

En otras palabras: Las Cortes Generales gobiernan doblegando la voluntad del Presidente bajo la amenaza de destituirlo.

Los votantes que apoyan a un candidato para ser presidente lo hacen basándose en las promesas de gobierno que presenta durante el periodo electoral en su programa. 

Pero la necesidad de conseguir apoyos para materializar esa presidencia hace no solo que no se pueda cumplir el programa, sino que se acaba gobernando en un sentido totalmente contrario al programa inicial.

Y este es el principal problema.

Una cosa es que no se pueda cumplir con un programa y otra muy distinta es que se haga justamente lo contrario a lo prometido en el programa presentado a los votantes.    

Para minimizar estos riesgos la Ley General Electoral introdujo la regla de D’Hondt que prima a los partidos fuertes en detrimento de los partidos pequeños.

De esta manera se pretendía que un partido “fuerte” consiguiera tener capacidad para gobernar con libertad.

Pero el pronóstico no se ha cumplido porque  no existen partidos “fuertes”.

La eliminación de D’Hondt por una ley estrictamente proporcional, incluso manteniendo la actual distribución de escaños, reduciría en una media de 8 a 10 los escaños de los principales partidos que beneficiaría a partidos minoritarios que hoy no tienen representación. 

Pero el mercado persa parar la elección del presidente se potencia haciendo cada vez más difícil la gobernabilidad.

Nuestras propuestas se basan en que se debe intentar cumplir con lo de que los votos deben tener el mismo valor, lo que se traduce en aumentar los escaños en las provincias muy pobladas y disminuirlo en las poco pobladas.

Otro tema es cómo se adjudican esos escaños. 

Para circunscripciones con más de 10 escaños la Ley D’Hondt da resultados prácticamente iguales a una distribución estrictamente proporcional.

El problema aparece en las circunscripciones donde hay menos de 10 escaños donde el filtro de D’Hondt es demoledor para las opciones minoritarias, dándose el caso de que una opción con el 20% de los votos no consigue representación.

El perjudicado en este proceso es el votante, que ve como se tira su voto a la papelera.

La manera de evitar ente efecto se puede enfocar desde dos puntos de vista

Eliminar D’Hondt. La situación de representatividad mejora mucho si se elimina D’Hondt, que favorece a las circunscripciones pequeñas y no afecta prácticamente en nada a las grandes

Potenciar los sistemas preferenciales combinado con D’Hondt. Si se establece un sistema de voto preferencial del estilo: yo quiero que gane A, pero si no gana A paso mi voto a B.  

Estos sistemas pueden asegurar que al votante que su voto puede tener siempre validez y nunca se tirará a la basura.

Si entendemos como gobernabilidad la capacidad de maniobra del Presidente del Gobierno, la primera solución aumenta la pluralidad pero dificulta exponencialmente la gobernabilidad.

La segunda solución mejora la capacidad que tiene actualmente tiene el votante de que su voto no se tire a la papelera, pero ni mejora ni empeora la gobernabilidad, que con la actual distribución de partidos es muy mala.

La única solución que vemos al problema de la gobernabilidad es establecer unas elecciones presidenciales específicas para elegir al Presidente de Gobierno.

Por tanto es necesario modificar el artículo 99 de la Constitución para cambiar la forma de elegir al presidente.

Sin esta modificación cualquier cambio que se haga en la ley electoral tendente a mejor la proporcionalidad puede ser enormemente contraproducente

Al menos tendremos la seguridad de que el Presidente podrá cumplir o no cumplir su programa, pero lo que es seguro es que no tendrá ninguna excusa para gobernar en contra de sus promesas electorales.

¿Resuelve esto todas nuestras preocupaciones referentes al proceso electoral?

No. Con estas propuestas de nueva ley electoral y elecciones presidenciales  estamos dando respuesta al problema de la proporcionalidad y al de la independencia entre Poder Ejecutivo (el Gobierno)  y el Poder Legislativo (Las Cortes Generales)

Pero no entra en otro tema muy importante que es ¿Cómo se eligen a los candidatos?

Es decir, temas como los de las listas abiertas o cerradas, realización de primarias, designación de candidatos a dedo….

Porque al fin y al cabo los candidatos, que son los que se convertirán en Diputados o Senadores, son los ladrillos con los que se construirá la democracia, y si estos ladrillos no son buenos, no son legítimos, no son representativos de la sociedad y de sus votantes el edificio de la democracia tendrá graves deficiencias.

Pero este tema afecta más a la Ley de Partidos políticos que a las leyes electorales.

Para que los ciudadanos puedan elegir libremente y exigir responsabilidades.

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