José Millán – El fin de un modelo de partido

 

La crisis económica no solo se ha llevado por delante las esperanzas y las realidades de muchos europeos. Se ha llevado por delante todo un modelo de entender la vida en comunidad. La hipótesis de un crecimiento permanente y un futuro siempre mejor ha saltado por los aires cuando se ha producido un retroceso real en la calidad de vida de muchos europeos que están poniendo en dudad todos los dogmas y por supuesto a todos los que han defendido estos dogmas.

Y en esta debacle una de los dogmas que ha caído es el modelo de partido político.

La realidad ha demostrado que la concepción clásica de partido jerárquico no ha sabido reaccionar con eficacia ante los nuevos retos. Parece como si los dirigentes de los partidos clásicos han dado por sentado la estabilidad del sistema y por tanto han dedicado sus esfuerzos a luchas intestinas y contra otros partidos con su misma estructura y han olvidado las vicisitudes del ciudadano de a pie.

A la vista de este panorama muchos ciudadanos han buscado refugio en partidos milagro, que identifican perfectamente sus problemas y que ofrecen soluciones maravillosas.

Sin embargo, la realidad es tozuda y estos partidos milagros no pueden hacer el milagro de los panes y los peces y echan la culpa al enemigo externo, que según ellos ahora se llama Unión Europea, indiferentemente de si estos partidos son radicales de izquierda o radicales de derecha.

Estamos ante la necesidad de estudiar y redefinir como deben ser los partidos que nos saquen de esta crisis.

  1. Deben dejar muy claro desde el principio la Visión de la sociedad y los conceptos económicos, políticos y sociales que defiende. Además, debe aclarar los procedimientos organizativos básicos, tales como estructura, garantías y sistemas electorales.
  2. Deben ser más participativos, es decir, permitir una mayor cercanía entre ciudadanos y políticos. Esto implica la elección directa de todos los cargos, tanto públicos como internos directamente por los ciudadanos y por los afiliados. Esto es fundamental para evitar la corrupción. De esta manera parte de la responsabilidad de la corrupción recae directamente en los electores de estos cargos en contraposición con lo que ocurre ahora en que el refrendo de listas confeccionadas y cerradas no implica sentirse corresponsables.
  3. La elección directa de los dirigentes y candidatos a cargos públicos en elecciones periódicas hace muy difícil la perpetuarse en los cargos, pero además se sugiere la limitación de mandatos de máximo nivel. Estas dos condiciones alejan al político profesional y obligan a la necesidad de contar con equipos técnicos profesionales.
  4. Dado que la elección directa de los cargos y candidatos se realiza por los electores el sistema de gestión del día a día deja de ser totalmente jerárquico y pasará a ser distribuido o en red en muchos aspectos, y es aquí donde surge el mayor escollo, ya que no hay experiencia en la gestión de estas organizaciones mixtas.  Separar la jerarquía, que implica responsabilidad de la coparticipación, que implica responsabilidad difusa es muy complejo.
  5.  Se debe asegurar que nuevas afiliaciones no desvirtúen la Visión ni los conceptos primigenios.

Estos son los retos a los que nos enfrentamos en UDEC, Unidad de Centro, el diseñar un partido moderno en un mundo cambiante. Pero lo que todos tenemos claro es que el partido jerárquico clásico puede tener los días contados.

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